¿Estás negociando ahora mismo? ¡Probablemente Sí! Cómo hacerlo mejor

¿Crees que la palabra «negociar» solo pertenece a las salas de juntas, a las discusiones de salario o a la compraventa de coches? Piénsalo de nuevo. ¿Has decidido alguna vez qué película ver con tu pareja después de un pequeño debate? ¿Has convencido a tus hijos para que hagan los deberes a cambio de un rato más de juego? ¿Has pedido ayuda a un compañero de trabajo o habéis repartido las tareas de casa? ¿Incluso esa conversación sobre dónde ir a cenar el sábado?

Si has respondido sí a alguna de estas preguntas (¡y seguro que sí!), entonces, como dice el título: ¡estás negociando mucho más de lo que crees! La negociación es una parte fundamental de nuestro día a día, una habilidad humana básica que usamos constantemente, a menudo sin darnos cuenta.

La buena noticia es que no necesitas ser un experto para mejorar. Este artículo te ayudará a reconocer esas negociaciones «ocultas» y te dará algunas claves sencillas, inspiradas en el verdadero arte de negociar, para que consigas mejores resultados… y, con suerte, ¡menos dolores de cabeza!

Desmitificando la palabra: ¿Qué significa negociar en realidad?

Primero, quitémonos el miedo. Negociar no tiene por qué ser sinónimo de conflicto, de discusión tensa o de «pelea». Olvídate de las imágenes de hombres trajeados golpeando la mesa. En esencia, negociar es algo mucho más simple y cotidiano. Piensa en ello como:

  • Un diálogo para resolver una diferencia o ponernos de acuerdo en algo.
  • Un proceso de comunicación: implica tanto hablar como, sobre todo, escuchar.
  • Un intercambio: como decía el texto original, es un «Yo te doy algo, tú me das algo». Ese «algo» puede ser tiempo, atención, esfuerzo, una concesión, ¡lo que sea!
  • Una forma no violenta (aunque a veces necesitemos ser firmes) de encontrar una solución cuando nuestros intereses o deseos no coinciden exactamente con los de la otra persona.

En resumen: se trata de buscar un punto de encuentro, de entendernos y, normalmente, de que ambas partes cedan un poquito para llegar a un acuerdo.

¡Sí, Tú eres un negociador! Reconociendo las pistas

Volvamos a los ejemplos del principio. ¿Por qué son negociaciones?

  • Ejemplo Película: Cuando eliges qué película ver, quizás intercambias tu preferencia por la suya esta vez, con la idea implícita de que la próxima vez elegirá el otro. O quizás ambos cedéis en vuestra primera opción para encontrar una tercera que os guste a los dos. El interés común es «pasar un buen rato juntos».
  • Ejemplo Hijos: Al negociar los deberes, intercambias una recompensa (más tiempo de pantalla, un postre especial) por la acción deseada (tarea terminada). Tú buscas satisfacer tu interés en su «educación» o «responsabilidad», y ellos buscan «diversión» o «placer».

El objetivo es que hagas clic y pienses: «¡Ah, claro! ¡Eso también es negociar!». En cuanto empiezas a reconocer estas situaciones, ya has dado el primer paso para gestionarlas mejor.

La clave Nº 1 para hacerlo mejor: ¿Qué pasa si digo «No»? (Tu plan B)

Antes de entrar en muchas negociaciones (incluso las pequeñas y cotidianas), hay una pregunta increíblemente poderosa que puedes hacerte: «¿Qué haré si no llegamos a un acuerdo?». Esta es tu alternativa, tu Plan B. En el mundo de la negociación formal se llama MAPAN o BATNA, pero para nosotros es simplemente: ¿qué otra opción tengo?

¿Por qué es tan importante pensar en esto?

  • Te da confianza: Saber que tienes otras opciones te quita presión. No necesitas desesperadamente llegar a ESE acuerdo concreto.
  • Define tus límites: Te ayuda a saber hasta dónde estás dispuesto a ceder. Si tu Plan B es casi tan bueno como el acuerdo, no harás concesiones excesivas.
  • Te ayuda a decidir si vale la pena: A veces, como sugiere el «arte de negociar», tu mejor alternativa es tan buena que la mejor negociación… ¡es la que no se empieza!

Ejemplo Práctico: Imagina que estás negociando el precio de un mueble de segunda mano. Tu Plan B podría ser «buscar otro vendedor con un mueble similar» o «comprarlo nuevo si la diferencia de precio no es mucha». Tener claro ese Plan B te da mucha más fuerza para mantenerte firme en un precio razonable o para retirarte si no te conviene.

Tres consejos de oro (Sacados del Arte de Negociar) para tus negociaciones diarias:

No necesitas técnicas complicadas. Empieza por estos tres principios básicos:

  1. Consejo 1: Escucha el doble de lo que hablas.
    • El Porqué: Parece obvio, ¿verdad? Pero a menudo estamos tan centrados en lo que queremos decir, que no escuchamos de verdad. Escuchar activamente te permite entender qué quiere realmente la otra persona, cuáles son sus motivaciones, sus preocupaciones… sus intereses ocultos. ¡Y muchas veces, la solución está ahí!
    • Cómo: Presta atención de verdad, sin planear tu respuesta mientras el otro habla. No interrumpas. Haz pequeños asentimientos o sonidos («ajá», «entiendo»). Y si no estás seguro, ¡pregunta para clarificar!
  2. Consejo 2: Pregunta, Pregunta, Pregunta (con Curiosidad).
    • El Porqué: Las preguntas son herramientas potentísimas. Especialmente las preguntas abiertas (las que no se responden con un simple «sí» o «no») como «¿Por qué es eso importante para ti?» o «¿Qué te preocupa exactamente de esta opción?». Te dan muchísima información valiosa, demuestran que te interesa entender al otro y ayudan a pasar de las posiciones rígidas («¡Quiero esto!») a los intereses más profundos («Necesito esto por esta razón…»).
    • Cómo: Enfócate en preguntar «por qué», «para qué», «cómo podríamos…». Usa un tono curioso, no acusador.
  3. Consejo 3: Piensa en «Ganar-Ganar» (Siempre que puedas).
    • El Porqué: En las negociaciones del día a día, especialmente con gente con la que tienes una relación (pareja, familia, amigos, compañeros), buscar que ambas partes sientan que han ganado algo es fundamental. Quizás no sea exactamente lo que cada uno pedía al principio, pero si ambos perciben el resultado como justo y valioso, la relación se fortalece y futuras negociaciones serán más fáciles. Es como el famoso ejemplo de las dos hermanas que se peleaban por una naranja: una quería el zumo y la otra la piel para un pastel. ¡Hablando, ambas podrían haber conseguido el 100% de lo que necesitaban!
    • Cómo: Intenta identificar los intereses comunes. Sé creativo buscando opciones que satisfagan las necesidades de ambos, no solo tus propias demandas.

Pequeños Cambios, Grandes Resultados: Poniéndolo en Práctica

No te agobies. No se trata de convertirte en un maestro negociador de la noche a la mañana. La clave está en la conciencia y en la práctica gradual.

  • Un paso a la vez: Elige solo uno de los consejos anteriores. Quizás esta semana te propones escuchar más atentamente en tus conversaciones. O quizás intentas hacer una pregunta abierta la próxima vez que surja una pequeña diferencia de opinión. O tal vez reflexionas sobre tu Plan B antes de pedir ese favor en el trabajo.
  • Observa la diferencia: Fíjate en qué pasa. ¿Cambia la conversación? ¿Sientes que entiendes mejor al otro? ¿Te sientes más seguro? A menudo, pequeños cambios en nuestro enfoque tienen un impacto sorprendente.

Conclusión: Negociar mejor es vivir (un Poco) Mejor

Ya lo sabes: estás negociando constantemente, aunque no le pongas esa etiqueta. Reconocerlo y aplicar conscientemente algunas técnicas sencillas como tener un Plan B, escuchar activamente, hacer buenas preguntas y buscar soluciones donde todos ganen, puede marcar una enorme diferencia en tu día a día.

Negociar mejor no solo te ayudará a conseguir resultados más favorables en muchas situaciones, sino que también puede fortalecer tus relaciones, reducir malentendidos y conflictos innecesarios, y, en definitiva, hacer tu convivencia y tus interacciones un poquito más fluidas y satisfactorias.

Y tú, ¿cuál de estos consejos vas a probar primero? ¿Te animas a contarnos en los comentarios cuál fue tu última negociación «oculta»?

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